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CABALLEROS A CONCURSO ~ Capítulo 1 ~ |
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- ¡¡¿Que has hecho QUÉ?!! El acento de Hyoga jamás sonó tan ruso a oídos de Seiya. Por un momento, al joven castaño se le antojó que aquel matiz hacía que la voz de Hyoga se pareciese mucho a la de Ikki. Claro que, si te ponías a pensarlo, la cosa tampoco era de extrañar. Ausente el Fénix, a alguien tenía que tocarle poner la cara de mal humor, la actitud y la pose a juego. Y, como Shiryu estaba muy ocupado tratando de respirar tras atragantarse con su té y a Shun le ocurría otro tanto mientras recogía su desayuno del suelo (lugar donde había caído por la impresión recibida), el único en condiciones de sustituir al Fénix era Hyoga. Esa manía de Camus porque sus pupilos pareciesen témpanos de hielo en cualquier situación había resultado de bastante utilidad para permitirle mantener el café en las manos con cierta elegancia. - Dime que es una broma -le dijo el ruso. Y estaba lejos de ser un ruego. - Te estoy hablando en serio -dijo Seiya, mientras daba unas palmadas en la espalda a Shiryu, esperando que su amigo consiguiese llenarse los pulmones de aire y recuperar un color más saludable que ese azul violáceo que estaba adquiriendo-. Nos he inscrito en ese concurso de la tele; cuando lo ganemos podremos pagar... - Define "ese concurso de la tele" -se adelantó Hyoga. - Verás. La tele es un aparato relativamente moderno que se enchufa a algo que se llama electricidad... -comenzó Seiya, pero al notar una vena pulsante en la frente del rubio, decidió dejar de tentar a la suerte-. Te llevan a un castillo y te hacen pruebas. Compites con otros grupos y quien gana se lleva el premio -acabó. - ¡Ah! "La Noche de los Castillos"1 -dijo Shun, que regresaba a la mesa. Hyoga lo miró con la misma cara de enfado que a Seiya, como si el hecho de conocer el nombre del concurso ya lo hiciese cómplice-. ¿Qué? Es entretenido -se defendió el muchacho encogiéndose de hombros, nada impresionado por la expresión del rubio. Cuando uno tiene un hermano como Ikki, acaba acostumbrándose a esas cosas. - ¡Ese mismo! Es un concurso muy divertido -exclamó Seiya-. Y será fácil ganar y pagar la deuda. ¡Es pan comido! - Creí que había quedado claro que habíamos optado por el método tradicional: ¡buscar un trabajo! -dijo Hyoga. - Y había quedado claro... la semana pasada. Pero me puse a pensar... -Hyoga enarcó una ceja y esta vez fue Seiya quien frunció el ceño-. Escúchame antes de hacer ningún comentario sarcástico de los tuyos. Me puse a pensar que si tenemos que pagar lo que debemos con un sueldo normal y corriente, estaríamos endeudados hasta la próxima reencarnación de Atenea. Así que escribí al concurso y ya me han contestado: estamos dentro. Lo ganaremos y saldaremos nuestra deuda de un golpe. - Lo que dice Seiya tiene lógica -consiguió decir Shiryu, al fin. Shun asintió. - No -se apresuró a contradecir Hyoga-. Tendría lógica si no estuviésemos hablando de concursos japoneses. -El Dragón le miró sin comprender-. Olvidaba que tu ves la televisión aún menos que yo. Verás, Shiryu, que te obliguen a comer escorpiones vivos con guarnición de gusanos, también vivos, no es precisamente mi idea de un concurso sencillo. Esta vez el tono que adquirió Shiryu fue más bien amarillo tirando a verdoso, muy a juego con el atuendo que llevaba. - ¿Comer escorpiones? -preguntó, mirando a Seiya-. ¿Vivos? - No seas desagradable, Hyoga -dijo Shun-. Ese es otro concurso. - Si, este que yo digo no es así -corroboró Seiya-. Las pruebas son de otro tipo, dependen más de habilidad, de fuerza, de pensar rápido, de trabajar en equipo... ¡Vamos! No os lo penséis tanto... ¡nos hemos enfrentado a dioses! Este concurso será un juego de niños... ¡es dinero fácil! - Seiya, el Torneo Galáctico también era un "concurso de la tele" -apuntó Hyoga-. Ya salimos en televisión, nos reconocerán y no nos dejarán participar porque, por ejemplo, podemos congelar las cosas. - Y además no podemos usar nuestras habilidades en beneficio personal -continuó Shiryu. - Ejem... Si, además está esa pequeña claúsula... -siguió Hyoga, aunque mucho menos convencido-. No podemos participar -acabó, orgulloso. - Si podemos si nos comprometemos a no usar nuestras habilidades -dijo Shun. - ¿Tu de que lado estás? - Del lado que me permita pagar sin tener que estar toda la vida endeudado, Hyoga -dijo Shun-. El método que propone Seiya es el más fácil. Y si no usamos nuestras habilidades, será más justo para todos. - A mi también me lo parece -dijo Shiryu, con una tranquila sonrisa. - Aún así, nos reconocerán... -continuó Hyoga, nada dispuesto a dar su brazo a torcer. Aquello era ya cuestión de principios. - ¡El Torneo fue hace dos años! La gente no recuerda esas cosas cuando hay otras de moda -dijo Seiya-. Además, la gente tampoco identifica a Clark Kent con Superman, ¿no? -bromeó el más joven-. Te estás quedando sin excusas y sin aliados, Hyoga. - Es el método más sencillo de conseguir nuestro objetivo, amigo mío -dijo Shun, sonriendo ante el comentario de Seiya, mientras posaba una mano en el hombro de Hyoga. - Puede ser, pero no me gusta... -dijo Hyoga, cruzándose de brazos. - ¿No te gusta la idea o admitir que tengo razón? -preguntó Seiya con gesto pícaro. - Sin comentarios -dijo el ruso por toda respuesta. Seiya soltó una carcajada, porque a aquellas palabras las había acompañado una sonrisa. Y, mientras Pegaso reía, orgulloso por su triunfo, Hyoga seguía preguntándose cómo demonios había hecho para meterse en aquel lío... Claro, que conocía la historia perfectamente. Aquella mañana había sido tranquila en la Mansión Kido. Tranquila y aburrida, como de costumbre, nada fuera de lo común. Entrenamientos antes de desayunar y después, alguno más entre medias de este y el almuerzo... Lo normal. Lo normal cuando no estás combatiendo por tu vida y por la de los demás contra dioses, ni destrozando templos con las manos y actividades similares, claro. Y, como era también habitual, los caballeros se reunieron pacíficamente en la sala de estar sobre las doce y media, esperando a que anunciasen que la comida estaba lista (este es uno de los inconvenientes de vivir en una casa de ricos, que no puedes hacerte tu mismo la comida a la hora que a ti te apetezca porque para algo pagan a los cocineros). - ¿Que vamos a hacer esta tarde? -preguntó Seiya. El joven del cabello castaño se había acercado hasta la mansión desde su apartamento del puerto. En realidad, eso también era habitual... y lógico. Si uno puede comer gratis (o relativamente gratis, teniendo en cuenta los antecedentes de hemorragias varias en nombre de una deidad griega), es de tontos desaprovechar la oportunidad. - Podríamos ir al cine -propuso Shun, que cambiaba los canales de la televisión para ver si encontraba algo interesante hasta que pasasen al comedor. - Sin dinero no hay cine -dijo Hyoga sin levantar la vista del periódico... más que nada porque aún le costaba trabajo descifrar los símbolos. - Ya salió la mentalidad rusa... -murmuró Seiya lo suficientemente alto como para que todo el mundo lo oyese, que era precisamente su intención. - Realista -puntualizó el ruso-. Mentalidad realista. ¿Tienes dinero para ir al cine? -le preguntó al Pegaso. Este negó con la cabeza-. ¿Tienes algún conocido que pueda darte entradas gratis? -Seiya volvió a negar-. Pues, a no ser que de un tiempo a esta parte ver una película sea gratis, ya me dirás como piensas entrar al recinto. - ¿Vale una respuesta que requiera Cosmos? -preguntó Seiya. - No -dijo Hyoga. Y pasó otra página del periódico. - A veces no viene mal ser un poco positivo, ¿sabes? -comentó el otro, encogiéndose de hombros-. En fin. No puedo creerme que nosotros estemos sin blanca mientras estamos rodeados de cosas que valen miles de yenes... -dijo, tomando un jarrón de una repisa. - Millones -puntualizó esta vez Shiryu, con su eterno libro de filosofía, o historia, o mitología antiquísima, en el regazo. - Bueno, pues millones. Seiya observó el jarrón. Aparte de unos bonitos dibujos de dragones, quizás demasiado estilizados, y unas cuantas flores, el jarrón no se diferenciaba mucho de cualquier pieza que pudieses encontrar en una tienda común. - Peor me lo pones. No podemos ni ir al cine porque no tenemos dinero, pero aquí se gastan millones en cosas de este estilo. -Seiya agitó el jarrón para enseñárselo a sus compañeros-. Con lo fácil que sería tomar este jarrón y venderlo... - Deja ese jarrón donde está antes de que tengamos que lamentar algo -se oyó la voz de Jabu. Efectivamente era el Unicornio, con esa habilidad innata suya para entrar en el momento más oportuno, quien pasaba por el marco de la puerta en esos momentos. - ¿Qué ocurre? ¿El pequeño Jabu teme que se me caiga el jarrón y Tatsumi se enfade? -preguntó Seiya, en tono de broma. Y, para molestar aún más a Jabu (uno de sus pasatiempos favoritos), comenzó a pasarse el jarrón de una mano a otra. - ¡Seiya! - Siempre que mantengas a Seiya lejos del balcón, el jarrón estará a salvo -comentó Hyoga, sin apartar los ojos del periódico-. Ya sabemos que Pegaso tiene predilección por las caídas... -añadió, y se permitió una leve sonrisa. - ¡Habló de patosos el Señor de los Patos! -dijo Seiya y, sin mediar más palabras, le lanzó el jarrón a Hyoga. Los ojos de Jabu se abrieron de par en par, tanto o más que su boca, por la impresión. Solo se tranquilizó y se permitió respirar cuando vio que el ruso soltaba el periódico y agarraba el jarrón al vuelo. Claro que volvió a preocuparse cuando vio la expresión del rostro de Hyoga... Aquel color rojo furia no era muy saludable, sobre todo si eras tú el que estaba delante. - Es cisne -comenzó Hyoga. A veces sus ojos asustaban de tan fríos como podían llegar a parecer-. No pato. Ni ganso. Ni oca... -siguió el rubio con deliberada lentitud. Seiya hizo intención de abrir la boca mientras una sonrisa traviesa le bailaba en los labios-. ¡Y tampoco pollo! -se adelantó. Su contrario levantó las manos con aire inocente y ya no añadió nada-. ¡¿Estamos?! ¡¡Cisne!! Y el jarrón voló de nuevo de mano a mano hasta llegar a los brazos de Seiya, que lo recogió sin problemas. Jabu sintió por un momento que su corazón saltaba del pecho. Luego descubrió que seguía en su lugar y, lo mejor de todo, que seguía latiendo. - Los pájaros nunca fueron mi especialidad -dijo Seiya con la mejor de sus sonrisas-. Ey, buen lanzamiento. Si fueses americano tendrías futuro como quarterback... -Hyoga le crucificó con la mirada, así que Seiya decidió cambiar de tema... o más bien de objetivo-. Bueno, Jabu... ¿te sientes capaz de quitarme el jarrón o te vas a quedar ahí con la boca abierta lo que resta del día? - Serás... -casi rugió Jabu-. ¡¡Con los ojos cerrados!! - No le robes el papel a Shiryu... -bromeó Seiya, mientras esquivaba a su compañero. Shun soltó una carcajada. - Perdón -dijo inmediatamente, mirando a Shiryu con sonrisa inocente. - No le veo la gracia -dijo el dragón, completamente serio. Seiya y Hyoga intercambiaron una rápida mirada. ¿Que no le veía la gracia? La reacción fue inmedita: ambos se echaron a reir. Shun sonrió casi por contagio mientras Shiryu se preguntaba la causa de tanto alboroto. Jabu, por su parte, aprovechó el ataque de risa de Seiya para quitarle el jarrón de las manos. - ¡Listo! -dijo el Unicornio, con el orgullo en la voz-. ¿Ves como no era tan difícil, Pegasito? - ¡¡Eh!! ¡Eso no vale! -protestó el interpelado de inmediato, recuperando la compostura-. Has aprovechado un momento de debilidad... Seiya atacó de inmediato saltando hacia Jabu, pero este, olvidando que su objetivo principal era proteger el jarrón, se lo lanzó a Hyoga para ponerlo fuera del alcance de Seiya. Molestarse el uno al otro eran algunas de las cosas que Jabu y Seiya tenían en común, y no solían dejar pasar la oportunidad muy a menudo. - Eh -dijo Hyoga tras recoger el jarrón-. A mi dejadme fuera de las chiquilladas... Lo último que esperaba Shun, que seguía los movimientos de sus amigos con una sonrisa divertida en el rostro, era que el ruso le pasase a él el jarrón, de ahí que abriera desmesuradamente los ojos verdes y sólo acertase a tomar el objeto en sus brazos. - ¿Qué... -fue lo único que salió de sus labios. Seiya, esta vez si, estuvo más antento. El joven castaño aprovechó la sorpresa de su amigo para arrebatarle el jarrón y alzarlo bien alto... un momento antes de tirárselo a Hyoga. - ¿Que ocurre, Hyoga? ¿Crees que esto es una chiquillada? -preguntó, poniendo todo su empeño en usar un tono que molestase al ruso, que había agarrado el jarrón con seguridad. - Para alguien con tu edad mental es hasta signo de madurez, Seiya -respondió el otro con tono indiferente, a la par que le devolvía el lanzamiento. Jabu rompió a reír ante el cruce de comentarios. - Dijo el pato que trata de ser cisne... El jarrón voló del japonés al ruso. - Al menos no soy un caballo que intenta ser un pato... Y el jarrón viajó en trayecto contrario. A esas alturas, tanto Jabu como Shun estaban muertos de la risa. Cuando aquellos dos se ponían a insultarse, no tenían comparación. Y, como ninguno de los dos daba su brazo a torcer, la disputa continuaba, con comentarios más ácidos y si cabe más divertidos. Hasta que... - ¡¡Basta ya!! -se oyó la voz de Shiryu-. ¡Estoy intentando leer! El Dragón se puso por medio de los dos contendientes verbales y alargó el brazo para recoger el jarrón y dejarlo, de una vez por todas, en su sitio. Todo hubiera quedado muy impresionante, con la cara de enfado de Shiryu y su aparición sorpresa, si el joven del cabello largo hubiera llevado puestas sus gafas (sus ojos no habían vuelto a ser los mismos tras lo de Perseo). Pero, como no las llevaba, no calculó bien la parada y el jarrón le golpeó en el antebrazo, describió una parábola y se fue directo al suelo. Aunque Shun se lanzó en plancha para tratar de salvarlo, todo fue inútil. El sonido cristalino de la porcelana al romperse resonó en la habitación. - Uuuuups -dijo Shun, para romper el silencio. - Ni yo mismo lo hubiera dicho mejor -dijo Seiya, que se volvió para mirar a Shiryu. Decir que el Dragón estaba pálido, es quedarse corto. Estaba más que pálido-. Oye, que solo es un jarrón... Shiryu negó con la cabeza con movimientos casi espasmódicos. Iba a comenzar a hablar cuando se le adelantaron. - ¡¡¿QUE HA PASADO AQUÍ?!! -la estridente voz de Tatsumi llenó la habitación. En otro tiempo, hace muchos años, aquellos gritos les hubieran asustado. Hubieran hecho que aquellos cinco jóvenes (entonces niños) que estaban en la habitación corriesen a buscar el escondite más lejano donde pudieran taparse los oídos y pasar desapercibidos. Pero esos tiempos pasaron. Ahora esos cinco jóvenes miraron al hombre calvo que acababa de entrar con absoluta y total indiferencia. Bueno, al menos cuatro de ellos. Shiryu seguía con la vista fija en los restos del jarrón y no tuvo tiempo ni ganas de mirar con indiferencia a nadie. - Se ha roto ese jarrón -dijo Hyoga, señalando el objeto en cuestión con aire casual. Y el rostro de Tatsumi adquirió la misma lividez que el de Shiryu. - Creo que me he perdido algo -dijo Seiya rascándose la cabeza-. ¡Ni un comentario, vosotros dos! -les dijo a Jabu y a Hyoga. El primero sonrió de manera inocente, el segundo se encogió de hombros-. ¿Qué es lo que pasa ahora? -le preguntó a Tatsumi. - ... Ming... -oyó que escapaba entre los labios temblorosos del calvo. - ¿"Mi"? ¿"Mi" qué? -preguntó Seiya. Tatsumi se giró y clavó en él unos ojos inyectados en sangre. Tanta furia había en ellos que Seiya se sintió por un momento como un niño de cinco años otra vez, pero por fortuna recordó a tiempo que ya pasaba de los dieciocho. - ¡¡Ming!! ¡"Ming", no "mi", pedazo de idiota! -gritó el mayordomo-. ¡¡Era un jarrón Ming!! - Es una broma -dijo Hyoga. Y no era una pregunta. Tenía que serlo. No podía ser otra cosa. ¿De verdad la Fundación Graude manejaba tal cantidad de dinero que Saori podía permitirse un capricho de esos? - Si, tiene que serlo -secundó Seiya-. No puede ser un Ming... - ... de los Ming de China... -siguió Jabu. - No estás hablando en serio, Tatsumi... ¿verdad? -preguntó Shun. ¿Estaba hablando en serio y ellos habían comenzado a discutir porque no tenían dinero para ir al cine? Era demasiado ridículo para ser verdad. Sin embargo, a veces la verdad es la más ridícula de las realidades. - ¡¡¡Pues claro que hablo en serio, pedazo de torpes!!! ¿Cuando vais a crecer? Siempre metiendo la pata, siempre jugando con lo que no hay que jugar, siempre haciendo el tonto... Sin duda aquello era lo que Tatsumi hubiese deseado decir. Pero lo único que le salió fue echarse a llorar como un niño mientras recogía los pedazos que quedaban del jarrón. Shiryu tomó su lugar. - Me temo que es cierto... Era un jarrón Ming. La textura y el dibujo son inconfundibles... - ¡Anda ya! - ¡Que no! - Te estás quedando con nosotros... - Como siempre, Shiryu habla con sabiduría -esta vez fue Saori quien habló. La muchacha apareció por la puerta con aquel aire de "diosa mártir" que sabía utilizar tan bien-. Eso que ahí veis era un jarrón de la dinastía Ming, ¡cuyo valor descubriréis por vosotros mismos porque vais a pagar hasta la última pieza de vuestro bolsillo! -llegados a este punto, Saori perdió todo su aire de "diosa mártir" por un nuevo aire de "cólera divina marca Olimpo" que jamás habían visto hasta ahora. Fuese aquel tono o la afirmación, aquello tuvo un efecto curioso en los caballeros. Cualquiera diría que ponerse pálido era contagioso, porque los cuatro individuos que permanecían con su color habitual en aquella habitación comenzaron a perderlo de manera repentina. En pocos segundos, la piel de todos podía confundirse con la pared más cercana, de blanca que estaba. - ¿Pagar? -repitió Shun, con los ojos muy abiertos. - ¿Pagar el jarrón Ming? -precisó Jabu. - ¿Pagar el jarrón Ming de nuestro bolsillo? -puntualizó aún más Seiya. - ¿Sois sordos o que? -preguntó Saori. Acto seguido, su cosmos empezó a brillar de manera amenazadora a su alrededor, dibujando sombras fantasmagóricas en su rostro-. He dicho que pagaréis hasta el último yen que le costó a mi abuelo... ¡¡y es una orden divina!! -gritó-. Me da igual como lo hagáis, pero me devolveréis el dinero -dijo con tono amenazador mientras se acercaba a Tatsumi y lo ayudaba a levantarse-. Ya podeis comenzar a buscar un trabajo a partir de ahora... -añadió, antes de marcharse con el sollozante mayordomo. No se dignó a mirarles ni una sola vez. Su palabra estaba dicha. - Querrá decir otro trabajo -protestó Seiya, frunciendo el ceño. - Quiere decir uno donde se nos pague con algo que no sean golpes y heridas -dijo Hyoga, que se sentó al lado de Shun en el sillón. - Si, supongo que la sangre no alcanza gran valor en el mercado -añadió Seiya-. A no ser que sea en la bolsa de Transilvania, claro. - Y entre ambos lograron que Shun sonriese levemente. - ¿Como podéis bromear en un momento así? -preguntó Shiryu, volviéndose hacia sus compañeros con los ojos muy abiertos. - La mentalidad rusa otra vez, supongo -dijo Hyoga. Seiya rió. - No tiene gracia. ¿Tenéis idea de lo que alcanza la suma total? - No, y la verdad es que en estos momentos no me apetece saberlo -dijo Jabu. - Es mucha, y con eso basta -coincidió Seiya. En ese momento oyeron ruido de papeles, Hyoga volvía a ojear el periódico-. ¿Qué haces ahora? - ¿No es evidente? La solución clásica: busco un trabajo. - Pues como no nos anunciemos en la sección de contactos... -dijo Seiya, consiguiendo que todos riesen. Si, en ese momento, había sido muy divertido. Se pusieron a buscar trabajo, pero nadie contrata a alguien cuyo currículum se limita a "conocimientos de artes marciales variadas" y, como mucho, algún que otro idioma. Aún así, antes de encontrar nada, llegó la idea de Seiya y su "Noche de los Castillos". Hyoga solo esperaba que el color de su equipo no fuese... - Creo que mataré a alguien -dijo Hyoga lenta y pausadamente-. A Seiya, por ejemplo. - ¿Y qué culpa tengo yo de que nos haya tocado el amarillo? -preguntó el joven castaño. - Tu nos metiste en esto. Carga con las consecuencias -dijo Hyoga por toda respuesta. - ¿Eso también es mentalidad rusa? -le preguntó Seiya-. De la mafia rusa, quiero decir. - Piensa como quieras -dijo Hyoga con tono tétrico. - No, mejor no. Tengo mucha imaginación -dijo Seiya-. De todas formas, el que tiró el jarrón al suelo fue Shiryu... - Ya hemos llegado -dijo precisamente este último, que jamás pensó que se alegraría tanto de ver una simple puerta de vestuarios con una estrella amarilla pintada en medio. El grupo pasó al interior de la sala, adornada básicamente por unas cuantas perchas y unos bancos donde descansaban las ropas que tendrían que ponerse, seis uniformes de ropa deportiva, todos de color amarillo y bien ordenados. Los productores del concurso habían asegurado que cada uno tendría un "uniforme" de su talla, y eso fue lo que comenzó a comprobar Shun de forma inmediata. - La tuya, Seiya -dijo, lanzándole a su amigo la ropa de su talla tras haber mirado la etiqueta. Repitió la operación con el resto del grupo hasta que solo quedó un uniforme encima del banco. - Podría usarlo yo -dijo Kiki, que se había colado con los jóvenes hasta aquel lugar, y que llevaba toda la tarde intentando que le dejasen concursar con ellos como sexto miembro del grupo. - Eres un poco pequeño, Kiki -le dijo Shun, sonriendo con ternura. - Podemos decir que soy muy bajito -propuso el niño, aún a sabiendas de que no iba a funcionar. - Eres muy bajito -le pinchó Seiya, que ya comenzaba a vestirse. Kiki le sacó la lengua. - ¡Oh, vamos! No tenéis sexto jugador aún... - Pero vendrá -aseguró Shun. - ¿Por qué vosotros podéis salir por la tele y yo no? -se quejó Kiki, cruzándose de brazos. - Si quieres te cambio el puesto -le dijo Hyoga sin mirarle, sosteniendo la sudadera amarilla en las manos con cierta repulsión-. No hay ningún problema por mi parte -Kiki sonrió. - Pero si por parte de Kiki -apuntó Shiryu. A saber como, ya casi estaba vestido por completo-. Aún no tiene la edad requerida. - Eso lo dices tú -dijo el niño con gesto pícaro. Tengo más edad de la que aparento. - El problema es precisamente ese, tu apariencia -dijo Shiryu. Kiki le miró enfadado-. NO puedes partipar con nosotros, Kiki -dijo finalmente, categórico. - ¡Después de lo mucho que he hecho por vosotros! -trató de protestar el niño una vez más. - Un no es un no, Kiki -dijo Shiryu. Kiki bufó y decidió dejarlo por el momento. Ya lo intentaría más tarde. - Te divertirás más viendo como hacemos el ridículo desde fuera que haciéndolo tu mismo, Kiki -dijo Hyoga, que al fin comenzó a cambiarse de ropa-. Por si eso no fuera bastante malo, encima tenemos que vestirnos de esta manera... -seguía protestando el ruso. En los últimos días, era lo que mejor se le daba. - ¿Puedo preguntarte qué tienes contra el amarillo, Hyoga? -dijo Shun. - ¿Qué que tengo contra el amarillo? -preguntó este, a su vez-. Para comenzar, no es azul -dijo, y nadie supo muy bien si estaba bromeando o lo decía en serio-. Y, en segundo lugar... ¿tú me has visto bien? -añadió, señalándose-. Voy a parecer un... un... - ¿Un polo de limón? -le ayudó Seiya, con la mejor de sus sonrisas. Shun se encogió casi involuntariamente, alarmado. Jabu no pudo evitar levantarse de un salto del banco, Kiki sonrió al ver que Seiya, que le había llamado bajito, estaba a punto de pasar un mal rato e incluso Shiryu levantó la vista ante lo que seguro iba a ser un estallido de cólera "made in Russia" en toda regla. Para sorpresa de todos, no sucedió nada. - Es un ejemplo -dijo Hyoga. La serenidad de Hyoga les asustó aún más que el temido enfado. - Oh, vamos, Hyoga -acertó a decir Shun finalmente, tras recuperarse de la impresión recibida-. Eso no es verdad. - ¿No será que te trae malos recuerdos? -preguntó Seiya. - ¿Malos recuerdos? ¿A qué te refieres? - Claro, claro. Ahora me vas a venir con que no te acuerdas de cómo ibas vestido en Asgard cuando... - ¿Qué tiene que ver el amarillo con Asgard? -Llegados a ese punto, Hyoga estaba ya perdido del todo. - No digas tonterías, Seiya -se apresuró a intervenir Shiryu. Era a él a quien traía malos recuerdos ver a Hyoga vestido de amarillo después de lo que había llamado "incidente Midgardo".. Por supuesto, no pensaba admitir esa debilidad delante de los demás, por lo que se apresuró a cambiar de tema. - Vestíos de una vez -dijo, muy serio, echando de menos las anchas mangas de sus ropajes orientales. Esconder las manos en las mangas le daba un aire de extrema seriedad que solía impresionar bastante-. Si hemos de ser el equipo amarillo, que así sea. Pensad que estamos aquí por una causa concreta. Fijad el objetivo en vuestra mente y dedicaos a ello con pleno convencimiento, sin prestar atención a circunstancias superfluas... Jabu, que no había dejado de mirar de uno de sus compañeros a otros siguiendo la conversación pero sin participar en ella (pues no sabía hasta que punto era broma o era en serio), abrió los ojos sorprendido. Se sentía un poco fuera de lugar en aquel vestuario, pero lo que terminó de desplazarlo fue el último discurso de Shiryu. Se quedó mirando al Dragón y, solo cuando Hyoga se sentó a su lado para ajustarse los deportivos, decidió expresar sus dudas. Por confianza quizás debería habérselo preguntado a Seiya, pero no estaba dispuesto a admitir delante de Pegaso que había entendido bastante poco de la parrafada de Shiryu... o, para ser sinceros, que no sabía a cuenta de qué venía todo aquello. - Oye, Hyoga. Aún a riesto de parecer idiota... ¿que ha querido decir exactamente? -quiso saber Jabu, señalando a Shiryu con una mano. - Que pensemos en ganar el concurso y nos dejemos de tonterías -respondió Hyoga, con la atención fija en los cordones de sus zapatillas. - ¿Y siempre habla así? - La mayoría del tiempo -respondió el ruso encogiéndose de hombros-. Y eso que no ha podido hacer el truco de las mangas... Jabu no comprendió del todo el último comentario, ocupado como estaba en alegrarse por primera vez en su vida de no pertenecer al "Grupo de los Cinco". Mientras tanto, Shiryu carraspeaba para atraer de nuevo la atención de sus compañeros... o para evitar que se siguiera hablando de él de aquella manera, que todo podía ser. - Shun, avisaste a tu hermano, ¿verdad? -preguntó el joven del cabello largo. - Ya te he dicho que si -respondió el otro. - Y, ¿seguro que vendrá? -quiso saber Shiryu. Shun asintió-. Me refiero a si vendrá hoy -aclaró después, mirando el reloj de manecillas colgado encima de la puerta del vestuario. - Se está retrasando -dijo Kiki, medio flotando en mitad del vestuario-. Quizás deberíais pensar otra vez lo que os he... -Shun sonrió. Shiryu frunció el ceño-. Bueno, o quizás no. - Ya te he dicho que si, Shiryu -repitió Shun, con su infinita paciencia-. Que lo avisé y que vendrá. Y lo hará hoy. - Bien -dijo el Dragon, aunque su tono de voz no sonaba muy convencido. - Lo siento, Kiki -dijo Shun, mirando al niño. - Que se le va a hacer -respondió este, con un suspiro resignado. - El siempre viene, Shiryu
-recordó Shun, para animar a Shiryu. Fin del capítulo
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| (1) Era un programa que se emitía en España tiempo ha; bastante entretenido. (2) Ya creíais que os íbais a librar de eso, ¿eh? ;PPP |